| PROGRAMA
DE LA CONGREGACION DE ASOSIADOS DEL IHM 1982 – 2004
El Programa de Asociados del año 2005
es la respuesta del día de hoy de una visión de
25 años de antigüedad, de formas prácticas
de emparentar con el laicado para vivir el carisma del IHM y el
de enseñar a la gente de Dios. La Iglesia del siglo 21
necesita de esta cooperación entre los laicos y los religiosos
para el beneficio mutuo de todos.
Fue durante el Capítulo General del año 1982 que
una propuesta fue hecha para su realización: “Que la Congregación
de las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María
establecieran un Programa de Asociados.” La declaración
fundamental se refería a un documento del Concilio Vaticano
II, que dice:
“ Para ofrecer al laicado, de acuerdo con el decreto acerca del
apostolado del laico, las oportunidades para el ejercicio de su
apostolado de hacer conocer los Evangelios.”
El programa de asociados tal como originalmente fue presentado
y aprobado por el Capítulo General del año 1982
detalla cuatro formas de participación para el laicado
en la vida de las IHM. Estas fueron:
A. Por el compartir en la oración planeada experimenta
con las IHM’s; y/o comprometiéndose a rezar por las IHM
y sus esfuerzos.
B. Por juntarse con otros asociados que viven en la misma parroquia
donde se desempeñan las IHM para construir comunidades
cristianas a través de las enseñanzas de las escrituras
y de la oración.
C. Por servir en uno de los ministerios de las IHM’s, comprometiéndose
por uno o más años mientras reside con una comunidad
de las IHM.
D. Al residir con una comunidad IHM por un año, compartiendo
oración y vida comunitaria, pero continuando su trabajo
o estudios fuera de la comunidad de las IHM.
1982 - 1986
La hermana Gloria Frank se convirtió en la primera directora
de Asociadas, en conjunto con su rol de directora de afiliadas,
un rol de formación de religiosas. Durante el año
1982 ella implementó el Plan A, Programa de Oración
de Asociados. Tanto éxito tuvo su trabajo que en el año
1983 ella enlistó la asistencia de la hermana Immaculee
Cavanaugh para responder las cartas y llamadas de las asociadas
en oración provenientes de todo el país.
En la práctica actual, el plan original se incorporó
en otras dimensiones del Programa de Asociados. Para el año
1983 la hermana Gloria había implementado ya el Plan C
original, El plan del Voluntariado de los Laicos. Para el año
1984 el plan D también se encontraba en marcha. El alistamiento
y la selección de voluntarios potenciales, provenientes
de colegios, parroquias, hospitales, o ministerios, coordinando
con personas apropiadas de la congregación, como también
con los Párrocos, y realizando arreglos financieros con
las comunidades locales involucradas, hizo de este rol una gran
empresa.
Por lo que no es sorpresa que una de las recomendaciones hechas
por la Hermana Gloria al Capítulo General del año
1986 fuera el que la Directora de Afiliados ( un rol de la formación
religiosa) fuera separado del programa de Director de Asociados
( solamente ser asociados potencialmente con una vocación
religiosa).
1986 – 1988
La hermana Susan Hadzima fue asignada a este rol en 1986
después que resignara la hermana Gloria Frank. El enfoque
del Programa de Asociados, al momento es claro en el reporte de
la hermana Susan del día 10 de Diciembre, de 1986:
“El programa de Asociados está organizado como una manera
de compartir el Carisma de la Congregación de la las IHM
con el laicado. Lo que se nos ha entregado debemos darlo libremente
a otros como una manera de habilitar a otras personas a ser enriquecidas
que desean servir las necesidades de la Iglesia. Desde su estado
de vida, existen varias formas en las que nuestros compañeros
de trabajo laicos, pueden compartir en el trabajo de esparcir
nuestro carisma a través de su ministerio particular u
ocupación.
1988 - 1991
Se tomó una decisión en 1988 para separar el cargo
de dirección de las afiliadas (formación) de aquel
de las de los asociados laicos. La Hermana Eileen Coleman entonces
fue asignada al cargo de Directora de Asociados y el de los Voluntarios
Laicos.
La hermana Eileen sirvió en este cargo hasta el año
1991 cuando la hermana Catherine Sugrue asumió esta responsabilidad.
1991 – 1998
El tiempo largo en el cargo de Directora de Asociados por parte
de la Hermana Catherine, de 1991 – 1998, proporcionó la
oportunidad de establecer comité de trabajo para asistir
con mayor tiempo planificando el programa de Asociados. En Enero
25, 1992 el Comité de Consejeros Voluntario fue establecido.
A partir de este momento reuniones de ambos comités fueron
llevadas a cabo.
Con el fin de reestablecer contacto con mujeres que anteriormente
habían sido hermanas en nuestra Congregación, se
inició en Noviembre, 1993 una Red de Voluntarios en Acción.
Y como respuesta a esta invitación inicial, veinticuatro
ex – IHM’s se ofrecieron a apoyar ubicando ministerios en donde
voluntarios laicos pudieran entrar en contacto con nuestras hermanas.
Sin ninguna duda que el programa de Oración delas asociadas
fue un éxito. Al término de la dirección
del programa de asociadas de la hermana Katherine Sugrue, en 1998
habían 900 asociados en 23 Estados, Perú, Scotia,
and British Columbia. Y existían 22 posiciones de laicos
voluntarios durante todo el año, durante el tiempo de la
hermana Katherine, así como dieciséis posiciones
de trabajo en el verano.
1998 - 2000
La hermana Joan Coyne fue asignada como Directora del Programa
de Asosiadas en 1998. Una etapa de mayor atención en el
programa del voluntariado laico se dio inicio. Se llevó
a cabo una encuesta de evaluación de voluntarios que habían
apoyado con algún tipo de servicio a la IHM desde los inicios
del programa desde 1992 hasta 1999. También se realizaron
unos estudios en programas similares existentes en otras congregaciones.
2000 - 2004
Cuando se concluyeron estos estudios, la Administración
de la Congregación tomó una decisión en el
año 2000, la de separar los dos roles de Directora del
programa de Oración de Asociados, del Programa de los Voluntarios
Laicos. La hermana Joan Coyne continuó como Directora del
Programa de Asociados en la Oración hasta el mes de Enero
del 2004. Cuando el Programa Original de los Asociados terminó
existían 845 Asociados.
La hermana Eileen Coleman estuvo a cargo del Programa de Voluntarios
Laicos hasta el año 2004. Sus primeros esfuerzos fueron
dirigidos a clarificar su propio rol en el programa de formación
para las Hermanas IHM, así como para la comunidad. El intento
de clarificar la confusión existente en el programa de
formación con el del programa de Voluntarios Laicos, tenía
el fin de hacer hincapié que el laico voluntario no era
“candidato” en formación.
La documentación respectiva fue desarrollada por la Hermana
Eileen. Folletos anunciando las oportunidades de servicio para
apoyar en el verano fueron publicados, así como también
el formato de aplicación y el formato personal. Habían
un total de nueve voluntarios laicos apoyando en diferentes actividades
con las hermanas IHM durante periodo del 2001 al 2003, ocho de
los cuales participaban en un tiempo corto o durante el tiempo
del servicio de voluntarios del verano. Una amplia variedad de
lugares para servicio fueron identificados, lugares geográficos
desde Williamston, North Carolina, Baltimore, Maryland, Wilmington,
Delaware hasta Scranton y Carbondale, Pennsylvania.
En el material que se presenta a continuación la Hermana
Jean Louise Bachetti, IHM, quien es la actual Directora del programa
de Asociados, llevará a cabo los planes, y el programa
de interacción de la IHM revisado con el del laicado.
Historia del Programa de Asociados
El día 5 de Noviembre de 2005 se llevó a cabo en
la capilla del Centro IHM, una ceremonia litúrgica, formal
que dio inicio el Programa de Asociados. La Hermana Mary Pérsico,
presidenta de la Congregación de las Hermanas Siervas del
Inmaculado Corazón de María, dio la bienvenida a
Gloria Gavin, Jean Shields y Kieran Williams al programa de Asociados.
Las tres nuevas asociadas se comprometieron a vivir los Evangelios
abrazando los valores presentes en el Carisma del IHM, el amor
incondicional de Dios para todos. Dándose cuenta de la
llamada universal a la santidad y esforzándose por ser
discípulos, la congregación prometió compartir
oración, comunidad y misión en un espíritu
de mutualidad. Como un río que fluye, las asociadas son
la extención del carisma de las IHM y de su misión.
Tomando de la fuente de origen de su propia espiritualidad, los
Asosiados, sin ser miembros de la comunidad, extienden a través
de su estado de vida, el don singular dado por el Espíritu
Santo a cada congregación conocido como carisma. A través
de un misterio incomprensible, el carisma de gozo, amor, hospitalidad,
y de desprendimiento personal, legado a la Congregación
por los fundadores la Madre Teresa Maxis y el padre Luis Florent
Gillet, han sido implantado en el corazón de Gloria, Jean
y Kieran.
Maravillosamente, estos dones del Espíritu Santo, han hecho
raíz, habiendo sido alimentados por las oportunidades de
relación con las hermanas del IHM. Esta relación
se formalizó en una Ceremonia de Bienvenida el día
5 de Noviembre. Las nuevas asociadas del IHM han captado el sueño
de llevar el carisma más alla de los miembros de la congregación
al buscar nuevas maneras de expresarlo para la vida del mundo.
Un pasaje del libro Encontrando un Tesoro, por Sandra Schneiders,
IHM, muestra el centro de esta relación:
“Algunos simplemente están buscando algo más en
su vida espiritual o se encuentran atraidos por el carisma particular
o la espiritualidad de la Congregación. Otros vienen porque
poseen una relación profunda, a través del apostolado
o la familia, o una gran amistad con miembros de la congregación
y desean una relación mayor y frecuente de esta solidaridad.
Pero virtualmente en todos los casos, las personas buscan asociarse
con comunidades religiosas porque desean crecer en la vida espiritual
y asegurar en ellos una participación adulta y madura en
la Iglesia para el mundo.”
En su búsqueda incansable por lo sagrado, a lo largo de
sus vidas, Gloria, Jean y Kieran han seguido la corriente de la
Gracia de Dios. Y ahora, llenas de fe, navegan en las aguas del
gran sueño de Dios, haciendo algo nuevo para la congregación
de las IHM a través del Programa de Asociados y las hermanas
del IHM, que juntas reconocen este mutuo esfuerzo como el trabajo
del Espíritu de Dios.
El Nuevo fenómeno experimentado durante estos días
es el de que algunos miembros de laicos quieren participar de
los ideales carismáticos de los institutos. Ello ha dado
lugar al surgimiento de interesantes iniciativas y nuevas formas
institucionales de asociación.
Estamos experimentando un autentico reflorecimiento de antiguas
instituciones en familias religiosas e instituciones seculares.
Si bien en tiempos pasados era especialmente el trabajo tanto
de hombres como de mujeres religiosas, el crear, alimentar espiritualmente,
y dirigir formas agregadas de laicado, hoy, gracias a un crecimiento
permanente de formación del laicado, puede existir una
asistencia mutua que puede promover un entendimiento de lo específico
y la belleza de cada estado de vida.
Esta dinámica eclesial será de gran ayuda para
la renovación e identidad de la vida consagrada. A la vez
que el entendimiento del carisma se profundiza, nuevas formas
de llevarlo a cabo serán descubiertas.
Referencia:
“Starting Afresh from Christ: A Renewed Commitment to Consecrated
Life in the Third Millennium,” by the Vatican Congregation for
Institutes of Consecrated Life and Societies of Apostolic Life
La Relación de las Asociadas: Extendiendo Nuestra Misión
IHM
Escrito por Hna. Jean Louis Bachetti, IHM
Mientras asistía a nuestra reunión anual de estudios
en Julio, una amiga muy cercana de nuestras hermanas mencionó
hacia el final de estas sesiones con mucha alegría lo siguiente:
“qué he hecho para merecer esto? Ella se refería
a lo que consideraba su buena suerte de ser parte de esta conferencia
que la Congregación programa todos los años. Como
parte de un proceso de crecimiento espiritual y teológico,
la profundidad y percepción del conferencista durante nuestros
días de estudio, nos enriquecen y nos cuestionan mientras
nos tomamos el tiempo de examinar y de renovar nuestra misión
para ser claros y entendibles como testigos proféticos
de la presencia de Dios en el mundo. Los conferencistas para estos
dos días se encontraban llenos del Espíritu de Dios,
el cual transmitían en las enseñazas evangélicas.
Probablemente, pensé, como una mujer religiosa, que nosotros
dábamos por hecho todas estas oportunidades de crecimiento
espiritual que hemos tenido a lo largo de los años.
Nuestra educación, nuestra vida en comunidad, nuestra respuesta
a nuestra vocación, nuestro carisma, son todos dones, dones
que deben ser compartidos, y no reservados para nuestro propio
provecho. Con esto en mente, quiero familiarizarlos con lo que
está sucediendo en muchas congregaciones religiosas mientras
buscan nuevas formas de relacionarse y de compartir el carisma
y el esfuerzo de mantener a Dios presente en el mundo con su nueva
forma de relación como asociados.
Existen en los Estados Unidos 27,000 asociados relacionados con
congregaciones religiosas. Como un fenómeno en desarrollo,
la realidad de asociados colaborando con mujeres consagradas a
la vida religiosa por más de un cuarto de siglo ha sido
un secreto bien guardado, nos hace ver Ellen O’Connell, S.C.,
Directora Ejecutiva de la conferencia de Asociados y Religiosos.
(NACAR.) En aquello que ella cree es la realización de
un sueño hecho realidad basado en el sentimiento intuitivo
de que el Espíritu trabaja horas extras, con la gente de
Dios al amanecer de un Nuevo Milenio, ella espera que, mientras
sopesamos el número de asociados, y las múltiples
formas en que se relacionan con la misión y el carisma
de las congregaciones religiosas, descubriremos nuevas maneras
en las que el trabajo de Dios puede realizarse.
La organización NACAR define el rol de asociados y la
clarifica como una relación con los miembros de las comunidades
religiosas de mutualidad y de vida nueva. Los Asociados son personas
laicas, explica, que establecen un nexo con una comunidad religiosa
y que siguen un proceso de desarrollo espiritual para conocer
el carisma y misión de la institución. Si bien los
Asociados no hacen votos como lo hacen los religiosos, si se comprometen
a vivir la misión y el carisma de la institución
religiosa en el estilo de vida laical al que pertenecen. De la
misma manera, en este momento de la historia, cuando las congregaciones
religiosas están preocupados porque el número de
sus miembros disminuye, la misión y carisma de cada institución
puede tomar cuerpo en los asociados como compañeros de
misión. Como compañeros de misión, observa
Joan Chittister, OSB, “ mujeres religiosas consagradas y personas
asociadas necesitan una de la otra porque un verdadero compañero
posibilita el crecimiento del otro.”
Si bien no se sienten llamados a consagrarse a la vida religiosa,
uno puede preguntarse qué es aquello que atrae a una persona
a una relación más cercana con las hermanas. Para
algunas la relación se desarrolla y se convierte en una
relación de amistad preciada; o, en otras ocasiones puede
ser cultivada a través de uno de los ministerios que comparten.
Existen aquellos que durante los años han mantenido una
relación cercana con las hermanas que les enseñaron
en el colegio. No obstante, ello empieza con un encuentro, con
una atracción similar a la atracción del metal con
el imán. Pocos de nosotros puedan que recordemos cuando
existía un esfuerzo para mantener mujeres de congregaciones
religiosas activas separadas, casi enclaustradas, distanciados
“del mundo.” El Concilio Vaticano II cambió esto. El documento
lo dice muy claro, que todos estamos llamados a ser santos por
nuestro Bautismo, y que todos tenemos una vocación. El
cómo vivimos nuestra vocación o llamada está
determinada por nuestro estado de vida: Matrimonio, soltería,
vida consagrada, o estado clerical. En un artículo de la
revista América titulado “Que Escasez de Vocación
/ GAT Vocation Shortage” Russell Shaw enfatiza, “ Los Estados
de vida Cristianos están llamados a ser complemento y a
reforzar a cada uno, no a completarnos. (Marzo 29, 2004). Relativo
a este entendimiento de vocación, está la noción
de que solo sacerdotes y religiosos tienen una vocación.
Si esa fuera la situación, entonces existiría una
insuficiencia de vocaciones. Conscientes o no de ello, todos tenemos
una vocación. Consecuentemente, todos nosotros en todos
nuestros estados de vida, debemos continuar discerniendo como
es que Dios nos llama a ser las manos, los pies y el corazón
de Jesús en un mundo destrozado y llevarlo a cabo en comunión
con cada uno.
Fieles a nuestra vocación personal, frecuentemente encontramos
que existen momentos en los que nos sentimos perturbados en nuestras
vidas, o lo que yo llamo tiempos santos de desasosiego, cuando
anhelamos o tenemos hambre de algo más. Una emoción
virtual del alma, el Espíritu de Dios en esos momentos,
remueve los sedimentos de nuestras vidas complacientes. Probablemente
es el llamado de Dios que nos compela, a aquello que Anthony Gittins
reclama “no es estático, no es fugaz, final pero repetido,
insistente, y variado.” Si nuestra vida no es estática
o se paraliza por el temor, si nos mantenemos abiertos a las sorpresas
del Espíritu renovador de Dios, entonces, ambos, religiosos
y asociados pueden escuchar el murmullo sutil de la invitación
dinámica de Dios, en el momento que se repite, es insistente,
variado y claramente no finaliza. Respondiendo a la lozanía
de esta nueva llamada, Asosiados y hermanas religiosas tendrán
el poder de desafiar los lineamientos antiguos de separación
con un ardor o deseo que reclame nuestra unión e igualdad
en el Cuerpo de Cristo.
Reiterando la llamada a una vida nueva, la Hermana Mary Pérsico
en nuestra Asamblea de Julio, comentó que “ nuestra reflexión
teológica durante los dos años pasados, ha empezado
a llevarnos a un sitial nuevo en la historia de nuestra comunidad,
un lugar que nos llama a una transformación... que debemos
ser transformados y transformar.” Yo confío que entretejidos
en este proceso de transformación se encuentra la relación
y el crecimiento mutuo que puede transpirar entre Asociados sin
votos y las Hermanas que buscan una espiritualidad más
profunda y una relación espiritual y compromiso con el
amor redentor de Dios. Como la levadura en la harina, carisma
y espíritu, se hacen presente en todo aquel que escoge
compartir con nosotras nuestra vida en comunidad, hace posible
el resurgimiento de nuestra santa influencia, expandiendo la misión
de Cristo para que sea pan para otros, en la comunión.
Convencidos de que abriendo nuestro círculo de relaciones
con los Asociados es el sueño de Dios para las IHM de Scranton
puede convertirse en algo multifacético. Maravillosamente,
nuestra afiliación con los Asociados tiene el poder de
engrandecer y profundizar nuestro ministerio de construir el Cuerpo
de Cristo a través del “enriquecimiento mutuo que surge
del encuentro de personas que irradian la luz de Dios en otros
ojos.” (Rolheiser,1999) Como lo hizo nuestra amiga en su entusiasmo
y gozo durante los días de Estudio, nosotras como comunidad
de mujeres religiosas, dándonos cuenta del valor de esta
nueva relación con los asociados, igualmente exclamaremos,
“Qué hicimos para merecer esto?”
Referencia:
Gittins, Anthony J., (1999). Reading the Clouds. Missouri: Liguori
Publications.
Rolheiser, Ronald, (1999). The Holy Longing: The Search for Christian
Spirituality. New York: Doubleday.
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