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THERESA MAXIS DUCHEMIN

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PARADOXIA DE UNA HERENCIA

La vida de la Madre Theresa fue desde sus comienzos paradójica, un contraste de ventajas y responsabilidades que increíblemente se combinaron para crear y determinar una personalidad sensible y eventualmente una ingeniosa y dinámica líder.  Nacida de padres solteros y de linaje racial diferente en una sociedad que mantenía una postura despreciativa a los mismos. Ella sin embargo, recibió una crianza y educación superior a la mayoría de las mujeres de su tiempo, gracias a la gentileza de su familia adoptiva, los Duchemins. A través de ellos ella fue instruida en el lenguaje, cultura y tradición Francesa. Estos recursos fueron fundamentales en el desarrollo de su vida y le proveyeron a ella con la llave necesaria para abrir puertas que de otra forma le estarían cerradas.
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PROFETAS DE UNA VISIÓN

A los 19 años, Theresa es la fundadora de las Oblates of Providence (Oblatas de la Providencia), la primera congregación de mujeres religiosas de color en el mundo. Su experiencia en esa congregación de Baltimore fue la de servir como Superiora General y Asistente de Superiora. Durante ese tiempo ella conoció al Padre Gillet, un Redentorista que buscaba establecer una congregación en Monroe, Michigan para enseñar a los inmigrantes Franceses, especialmente a las niñas Canadienses Francesas. En 1845, ella dejó las Oblatas y se embarcó para Monroe donde con el Padre Gillet fundó las Hermanas, Siervas del Inmaculado Corazón de María.

En 1855, la joven congregación que se hallaba en crecimiento perdió el apoyo de los Redentoristas en Monroe. Su partida fue especialmente dolorosa para la Madre Theresa ya que las Reglas de la Congregación no habían sido terminadas según la tradición de San Alfonso.

Tres años más tarde con la intención de expandir la naciente congregación y no encontrando oportunidades en Michigan, Theresa aceptó la invitación del Obispo John Neumann, CSsR para servir en la Diócesis de Filadelfia. La Madre Theresa no solo esperaba expandir la misión de la congregación, sino también, el completar las Reglas de la congregación por los Redentoristas. Fue en la ciudad de St. Joseph, en el Valle de Chocounut, en el condado de Susquehanna que la primera misión de Pensilvania fue establecida.

En menos de un año otra invitación fue hecha por el Obispo Neumann para abrir una misión en Reading. La Madre Theresa estaba ansiosa por aceptar esta nueva misión, sin embargo el Obispo Lefevre no le dió la autorizión de abrir esta segunda fundación en Pensilvania y por expresar su disconformmidad con esta decisión, fue reprendida teniendo que dejar de ser la Madre Superiora General y tener que irse de Monroe con destino a St Joseph. El Obispo Lefevre enojado, rompió las relaciones entre las dos fundaciones, separándolas totalmente debido a que algunos de los amigos Redentoristas de la Madre Theresa escribieron a las hermanas para que ellas dejaran Monroe y se fueran para Pensilvania

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PEREGRINAJE DE UN SUEÑO

Aunque las misiones de Pensilvania - Immaculata y Scranton - florecían y eran las dos más grandes de la zona del Este, la Madre Theresa sintió pena por la separación de las hermanas de Pensilvania y la Casa Madre en Monroe. Sus esfuerzos para llevar a cabo la reunión de ambas fundaciones no tuvieron éxito. Pensando que tal vez ella era la causa de la imposibilidad de la reunión, la Madre Theresa por decisión propia, decidió irse al exilio. Habiendo recibido apoyo y comprensión de la hermana Elizabeth Bruyere de la Congregación de las Grey Nuns de Canadá, ella y su amiga la hermana Celestine, dejaron Susquehanna en enero de 1867 y llegaron  al convento de las Hermanas Grey en Ottawa el 2 de febrero. Durante sus años en Ottawa la Madre Theresa permaneció siempre como una invitada con las Hermanas Grey, ella siempre se consideró un miembro de las Hermanas, Siervas del Inmaculado Corazón de María.

En enero de 1868, cuando se le dió la oportunidad de establecer una misión en Nueva Orleáns, la Madre Theresa y la hermana Celestine decidieron primeramente solicitar su readmisión en la fundación de Monroe y, solo si eso no resultaba, se iría a Nueva Orleáns. Fue la decisión del Obispo Lefevre que la hermana Celestina fuera admitida pero a la Madre Theresa le fue negado dicho privilegio. En vez de continuar para Nueva Orleáns ella se dirigió a Susquehanna para solicitar permiso para su readmisión. Para entonces Susquehanna era parte de la nueva Diócesis de Scranton y se necesitaba el permiso del Obispo O'Hara. Él juzgó que no tenía jurisdicción para permitirle el regreso. Habiendo sido rechazada por varias congregaciones en Baltimore, la Madre Theresa finalmente escribió a la Madre Bruyere en Ottawa solicitando regresar a su congregación. En enero 7 de 1869 ella fue nuevamente recibida por las Hermanas Grey.

La Madre Theresa continuó viviendo con las Hermanas Grey hasta enero 21 de 1885. La Madre Theresa llegó a la Casa Madre de las Hermanas, Siervas del Inmaculado Corazón de María, en Westchester, en 1885, luego del éxito de varias apelaciones en su nombre que realizaron al Arzobispo de Filadelfia. La Madre Theresa vivió sus últimos 7 años en paz en la congregación que ella fundara. Ella falleció el 14 de enero de 1892.

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Actualizada en setiembre del  2007.Comentarios o preguntas por favor escríbanos a  IHMWeb@SistersofIHM.org